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Sí / No

Esto no es una encuesta ni un post sobre contradicciones. Se trata de una reflexión sobre cómo ser feliz (o al menos cómo hacerme feliz a mí). Las actitudes, cosas, personas y situaciones que me gustan y que no me gustan. Porque aunque el ser humano resulte de lo más complejo, podemos simplificar muchos aspectos de la vida y separarlos en SÍ y NO.

Me gusta la gente que sonríe con sinceridad. Si no te apetece sonreír, no lo hagas, pero sonrisas falsas y forzadas, NO. Las detecto a leguas, ojo.

Me gustan las personas independientes, que saben solucionar sus propios problemas con decisión y no entran en pánico al verse solas (literal y metafóricamente).

No me gustan los perros. Les dejo vivir y no tolero el maltrato, pero que vivan lejos. Odio a los perros hiperactivos, chillones y babosos que no admiten un ‘largo de aquí’. Vaya, pero si son como esas personas dependientes de las que hablaba antes…

Me gustan los gatos (sí, esos seres independientes que te buscan sólo cuando les apetece unos mimos). Y me gustan las tortugas, que aunque no sean especialmente inteligentes ni transmitan mucho cariño, saben cómo vivir con los recursos mínimos.

Odio los sonidos agudos. No sólo los de los perros chillones, también a los niños gritando, el acordeón y la armónica. Sin embargo, un violín bien tocado me enternece.

Me gusta que me corrijan cuando cometo errores (en cualquier ámbito) y que lo argumenten, pero no soporto que me digan lo que tengo que hacer cuando está demostrado que la orden proviene de un incompetente.

No me gustan las faltas de ortografía. Soy una nazi, sobre todo cuando esos errores provienen de alguien que supuestamente ha recibido educación o un profesional. Y sobre todo cuando meten la pata por NO leer bien, los gasearía, por ‘Vurros’.

Me gusta la gente organizada que responde a su trabajo de forma eficaz y ayuda a que el engranaje funcione. No me gustan las personas que dentro de sus despistes te hacen perder el tiempo como si fuera mierda en lugar de oro. Y así, NO.

No me gusta hablar por teléfono, ni madrugar, ni las sorpresas (aunque las sorpresas sean para algo bueno).

Me gusta el sol. Necesito hacer la fotosíntesis periódicamente, como las plantas. No es que arremeta contra la lluvia o los días fríos, que en su debida dosis también tienen su encanto, pero podría vivir perfectamente en una eterna primavera-verano. ODIO la nieve.

Adoro la música en todas sus facetas y todo lo que la rodea. Que me gusten unos géneros más que otros no significa que lo que escuchan los demás sea una mierda. Por eso no me gusta la gente que desprestigia el Reggae o el Hip Hop por prejuicios.

Odio conducir, especialmente si tengo que viajar sola. Pero conduzco de puta madre, todo hay que decirlo.

No me gustan los humos. Cigarros, porros y demás derivados, lejos y que corra el aire. Cada uno que se meta la mierda que quiera mientras no me intoxique a mí. Lo cambio por el incienso, que SÍ me gusta.

NO a los chupópteros. En todos los sentidos. Gente que te roba la energía empeñada en vivir y volver a revivir sus desgracias hasta el punto de hacerte partícipe del drama, gente que vive de los demás porque no es capaz de mover el culo, y mosquitos (que se ven menos, pero te chupan la sangre de igual forma). En contraposición, llenaría mi vida de esas personas que siempre tienen energía para salir adelante, que no dejan que les llores en el hombro sino que te dan dos meneos y te hacen darle un giro a tu perspectiva.

Me gusta aprender cosas nuevas. Y todo el mundo tiene algo que enseñar, sólo hay que saber cuáles son las preguntas adecuadas. Y también me gusta la gente que está dispuesta a aprender siempre, que no se pone límites y que sea como sea, lo intenta.

Me gusta leer y me gusta escribir. Y por eso, una vez más, aquí estoy escribiendo. Esperando a que alguien corrija mis errores, para poder seguir aprendiendo.

Aquelarre en Zugarramurdi

Ayer me aburría viendo la gala de entrega de los Goya y me puse a ver una de las películas que se estaba llevando bastantes premios: Las Brujas de Zugarramurdi. Confieso que soy de esas personas que se ponen a ver la gala más por el espectáculo que por amor al cine español, pero siempre hay alguna película que me pica la curiosidad para ver más adelante.

Pues bien, entre discursos eternos, agradecimientos infinitos y desfiles de modelitos, yo monté mi propio cine en casa.

La historia

Todo empieza de la forma más prometedora. Un atraco organizado a una joyería de la Puerta del Sol de Madrid, perpetrado por un grupo de falsos mimos con un niño como pieza principal del engranaje. Una huida a la desesperada con un toque de humor y acción a partes iguales.

Se dirigen a Francia, pero tienen que pasar por un pueblo marcado por leyendas de brujas: Zugarramurdi. Aquí todo se vuelve más surrealista aún, con tres generaciones de mujeres malvadas con poderes sobrenaturales que no dejan avanzar a los delincuentes más allá del pueblo.

Su objetivo es quedarse con el niño, El Elegido para hacer de caballo de Troya entre las brujas y los seres humanos. La organización de un aquelarre con todas las brujas del lugar y un monstruo gigante obeso (obesa) y la aparición de la madre del crío para ayudar a las brujas hacen del momento culmen de la película un batiburrillo de gritos y seres volando que se escapa a mi entendimiento.

Por lo tanto, la primera parte de la historia bien, pero a partir de la entrada en la casa de Zugarramurdi, me resulta ridícula y pesada.

Los actores

Este repaso lo voy a hacer rapidito. Hugo Silva perfecto en su papel de delincuente zumbado y padre preocupado al mismo tiempo. Mario Casas (nunca me gustan ni él ni sus papeles) me sorprende en esta película en la que no va de Don Juan tío bueno y hace un personaje más bien torpe y tonto. Lo borda.

Gabriel Delgado (el niño) interpreta su papel muy bien, con ese punto de picardía que puede tener un chaval que ha formado parte de un atraco y su parte inocente cuando tratan de cocinarlo o no puede hacer los deberes como le dijo mamá. Carolina Bang es la bruja buenorra todoterreno. Su misión de conquistar al protagonista le queda bien en ese sugerente papel, pero tampoco me transmite mucho más.

Las brujas madre y abuela (Carmen Maura y Terele Pávez) demuestran que con su experiencia en el cine pueden hacer cualquier papel que se les presente. Bien merecido el Goya a Terele Pávez. Macarena Gómez (la madre del niño) siempre hace que sus personajes resulten desquiciantes. Y no en el buen sentido. Jaime Ordóñez (el taxista) es, sencillamente, un crack.

Pepón Nieto y Secun de la Rosa (los ‘polis’)… Pepón y su eterno papel de los Hombres de Paco, de la Rosa y su eterno papel homosexual… nada que añadir.

Como personajes simpáticos están los de Santiago Segura y Carlos Areces, en el papel de dos brujas travestidas. Irreconocibles en su caracterización. Porqué aparecen en en cartel es un gran misterio.

Efectos especiales

No tengo muy claro si esta película pretende ser de carácter sobrenatural, cómico, o gore. Con unos efectos especiales muy a lo ‘made in Spain’, bastante cutres los movimientos de las brujas por las paredes y los vuelos aparatosos. Aunque se hagan las cosas por ordenador, no tendrían por qué notarse.

Que quede claro que no soy nada fan de Álex de la Iglesia, y todo esto es simplemente mi opinión. Pero si ya has perdido tiempo en leerla, te recomiendo que no pierdas tiempo ahora en ver la peli. El que avisa no es traidor…

 

Te regalo una mascota

No os voy a descubrir nada nuevo hablando de esa costumbre tan fea de regalar mascotas por Navidad que luego son abandonadas. Simplemente os voy a contar mi experiencia y si eso sirve para mover alguna conciencia, será maravilloso. Y si no, el karma sabrá lo que hacer.

Os presento a Trasky (algunos ya lo conoceréis).

Conocí a este Sagrado de Birmania a través de las redes sociales de una asociación protectora de animales de Valladolid llamada Entre Huellas y Bigotes. Aquí se dedican a buscar una vida mejor para mascotas, pero sobre todo trabajan con gatos.

La historia de Trasky es muy triste, pero no más que las de cada uno de los gatos que pasan por la asociación. Éste vivía con sus 5 hermanos (hijos, padres… ni se sabe) en un criadero ilegal que fue denunciado por un vecino. Los recogieron en la perrera en un estado lamentable. Delgadísimos, con el pelo a trasquilones por quitarles los nudos, enfermos… allí pasaron unos días. Uno de ellos murió, y los otros 5 (Trasky incluído) fueron salvados por la gente que trabaja en Entre Huellas y Bigotes desinteresadamente.

El primer paso fue buscarles una casa de acogida hasta que se recuperaran, era urgente buscarles un hogar en el que no hubiera más animales, por eso del periodo de cuarentena y controlar si comían bien. Yo nunca había tenido un gato en casa, pero siempre me habían gustado, y en esta asociación se encargan de los gastos de comida, arena, veterinario, etc. que el gato requiere durante el tiempo de acogida. Así que me animé y me puse en contacto con ellos. Me trajeron a Trasky inmediatamente, acompañado de todos los utensilios necesarios para que estuviera cómodo en mi piso.

Llegó asustadísimo, había pasado por un infierno toda su vida (le calculaban un año y medio aproximadamente) y en los últimos días había estado en varios lugares diferentes en los que no había tenido tiempo de acomodarse. Lo tuve aproximadamente 40 días. Su comportamiento por el día era acurrucarse en un rincón detrás de una cortina donde nadie le molestara. Se dejaba poner las gotas en los oídos, se tomaba las medicinas, y si lo acariciabas mucho tiempo buscaba un hueco por el que huir a otro rincón. Por las noches era su momento de explorar y responder con sus maullidos a alguna gata en celo que rondara por el barrio. Tirarme cosas, golpear las puertas, romperme las camisetas… el caso era no dejarme dormir. Lo tuvimos que llevar a castrar casi de urgencia, ya que había cogido peso y estaba preparado para la operación. Un par de días tranquilo, pero luego volvió a las andadas.

Me llevé más de un disgusto con él, sobre todo cuando lo llevaba en brazos y se tiró de morros al suelo rompiéndose un colmillo… pero en el fondo me daba pena, porque al fin y al cabo tenía ese carácter como resultado del maltrato de los seres humanos. ¿Por qué iba a confiar en mí de repente? Para ser mi primera experiencia con un gato fue bastante desastrosa, pero cuando se lo llevaron a su familia adoptiva me dio pena. Luego echaba de menos que me estuviera mirando a la puerta de la habitación cuando me despertaba, y hasta sus maullidos nocturnos.

Ahora Trasky está con otra familia de acogida, porque no pudo adaptarse a los adoptantes, que ya tenían otros dos gatos. Por suerte, en Entre Huellas y Bigotes hacen un seguimiento de todas las adopciones hasta que los animales encuentran finalmente el hogar ideal para ellos.

Lo que quiero decir con esto es que, cuando vas a una tienda de animales a comprar un gato, estás fomentando la cría comercial, la mayoría de las veces ilegal, de animales de raza en condiciones malísimas sólo para sacar dinero. Si quieres un perro o un gato, infórmate en las asociaciones protectoras, valora si de verdad estás preparado para hacerte cargo con responsabilidad del animal, y adopta para darles una segunda oportunidad.

Para más información sobre acogidas, adopciones, cuidados de los animales, etc., visita la web de Entre Huellas y Bigotes.

El Marinero Escocés

Voy a hacer un copia-pega de una nota de prensa. Pero como la nota de prensa la he escrito yo, es un copia-pega a mí misma, me estoy autoplagiando o algo así. Bueno, da  igual, al lío. Que quiero contaros así una de las cosas que hicimos en Málaga:

El Marinero Escocés, tema inédito de Enigmah, VK9, Margolish y Maríah

¿Has conocido alguna vez a un marinero escocés? VK9 y Margolish salieron de Tenerife buscando uno, llegaron a Málaga a ver si Enigmah y Maríah lo habían encontrado, y como el marinero no aparecía por ningún lado, los cuatro se metieron en el estudio de Big Hozone a grabar este tema inédito.

‘El Marinero Escocés’ no habla ni de marineros ni de escoceses. La amistad de estos artistas fluye sobre la base de Margolish, y transmite al oyente esos momentos de diversión que pasaron antes, durante, y después de la grabación en la cabina de Showtime. El propio marinero lo cuenta aquí.

¡Ah! ¡Y además es gratis!

Te lo puedes descargar en SoundCloud: https://soundcloud.com/mariah-oficial/elmarineroescoces

Y puedes escucharlo y aprenderte la letra en Youtube:

Del marinero escocés, lo único que tenemos es el retrato robot diseñado por Maríah. Si lo ves, por favor háznoslo saber a través de Twitter o Facebook:

Enigmah: @Enigmahoficial / Enigmahoficial

VK9: @Sequedades

Maríah: @tess_art / mariah.oficial

Margolish: @LaGordaNostra / margolishvictor.rgzmagnusson

 

“Tengo la cabeza hecha un Google Maps”. Así definía Marc Serena el caos geográfico que sentía en agosto del 2009 a su llegada a Manresa, su ciudad natal, tras un año viajando alrededor del mundo.

No viajaba simplemente por placer, sino que este joven periodista, que tenía 25 años cuando comenzó la aventura, se había propuesto un objetivo. O, mejor dicho, 25 objetivos: conocer a 25 jóvenes de su edad, de 25 países diferentes, para, a su regreso, escribir un libro: ‘La vuelta de los 25’.

Durante el viaje, Marc comenzó un blog en el que iba compartiendo con sus lectores sus experiencias alrededor del mundo. Ahora, ese objetivo se ha hecho realidad y el libro ya va por su segunda edición.

Yo he hablado con Marc sobre jóvenes, periodismo, viajes y, por supuesto de ‘La vuelta de los 25’.

Pregunta: Después de conocer jóvenes de países tan diferentes, ahora que puedes comparar, ¿cómo ves la juventud en España?

Respuesta: Hay una visión muy catastrofista. Se utiliza el 40% de tasa de desempleo entre gente joven que hay en nuestro país para decir que somos la generación perdida. A veces parece como si los jóvenes sólo fuéramos una hoja seca a la merced del viento. Tenemos y debemos transformar esta situación de precariedad en una oportunidad, en algo mejor. No se trata de ser optimista porque sí, sino de poder creer que podemos cambiar la situación con nuestro esfuerzo.

P: ¿Qué encontraste en común entre todos los jóvenes, aparte de la edad?

R: Hubo gente con la quien congenié realmente muy bien. Me dio la sensación que los jóvenes que vivimos en ciudades nos parecemos cada día más. En los pueblecitos o en las comunidades más aisladas es donde se pueden ver mayores diferencias. A la vez, había en muchos jóvenes una percepción de globalidad que quizás hace tiempo no existía.

P: ¿Qué pensaban ellos de tu proyecto?

R: Ha sido muy difícil explicarlo. Había jóvenes que nunca antes habían sido entrevistados o, incluso, no habían hablado nunca con un extranjero. Que después su vida pudiera aparecer en un libro… aún les parecía más exótico. Pero, por suerte, me ofrecieron confianza ciegamente.

P: ¿Y tus amigos de España?

R: Un amigo mío me dijo que este proyecto era un capricho de juventud sin sentido, que quizás lo hacía porque escapaba de alguna situación personal. En aquel momento me convencí de que debía marchar haciendo caso a mi intuición, sin esperar a que nadie me invitara a hacerlo

P: ¿Qué papel han jugado en tu viaje los consejos y experiencias de tus amigos?

R: Los mejores consejos han sido los genéricos y los que he recibido de viajeros más veteranos. Antes de irme, trabajaba en un programa de viajes en la televisión de Barcelona presentado por Toni Arbones, que ha recorrido medio mundo. Me animó a hacer caso de mis ideas más alocadas.

P: ¿Habías viajado antes de esta aventura?

R: Viajar siempre ha sido una pasión. El virus me lo inocularon mis padres, con los que íbamos por España y por Europa con una furgoneta hippie. ¡Incluso llegamos a cruzar el continente con coche y a dormir en un camping de Londres!

P: ¿Cuál era tu equipaje?

R: El mínimo. Utilicé los mismos zapatos durante casi todo el año. Tenía unos pantalones desmontables que me servían en caso de frío o de calor. Los tapones de espuma fueron muy útiles, sobretodo para dormir por la noche en los albergues donde había mucha gente.

P: ¿Has ejercido de turista?

R: Supongo que sí. Pero siempre he intentado ser respetuoso con lo que he visitado. A observar e intentar pasar desapercibido. A preguntar y no a responder.

P: ¿En qué lugar o lugares de los visitados te quedarías a vivir?

R: Estoy muy a gusto aquí pero sí que es cierto que Australia me parece un país genial. El problema es que ahora su moneda está por las nubes y mis ahorros para el arrastre.

P: ¿Pasaste miedo?

R: Sí, tengo que confesarlo. Pero el miedo no puede evitar que dejes de vivir de la manera que sueñas o quieres. Hay un momento que hay que afrontarlo con contundencia.

P: ¿Cuál es la historia que más te ha impactado?

R: Me gustan los jóvenes que van más allá. La última historia es la de una chica rusa que quiere ser cosmonauta aunque mujeres que lo hayan conseguido aún hay pocas. Su determinación me entusiasma.

P: ¿Se te han quedado países y jóvenes de 25 que te hubiera gustado incluir en el libro?

R: Sólo me han dicho que no en una ocasión. El escritor de los discursos de Barack Obama, Jon Favreau, es también de nuestra edad. Me hubiera interesado incluirlo. Conseguí su correo electrónico personal y le envié una propuesta pero no me respondió. Y, después, la oficina de comunicación de la Casa Blanca me denegó mi petición.

P: ¿Crees que el proyecto hubiera sido posible sin Internet?

R: Hubiera sido mucho más difícil. Hay una cantidad de información enorme en la red. Hace el viaje menos romántico pero más factible.

P: ¿Has tenido oportunidad de conocer la situación del periodismo en todos los países?

R: En muchos países el periodismo es muy débil o casi inexistente. Suele ir de acorde con la libertad de expresión, con la capacidad que tienen las personas de cada país para expresarse sin censura. En algunos países me costaba ver libros.

P: Como ocasión de Sant Jordi has estado firmando tu libro en varios puntos de Barcelona, ¿cómo has sentido la repuesta del público?

R: El libro está teniendo muy buena respuesta, va por la segunda edición y ha aparecido la versión electrónica. En la editorial están muy contentos y yo también. Hay mucha gente que poco a poco se da cuenta de que no se trata de un libro de mis batallitas sino que es un retrato del mundo muy trabajado a partir de su gente joven. Está pensado para ser leído y la gente lo disfruta y lo recomienda. Lo que más me sorprende es descubrir que no se trata sólo de un libro de jóvenes y para jóvenes, interesa a personas de todas las edades.

P: ¿Tienes pensado organizar otro viaje para visitar a tus 25 amigos, tipo ‘La vuelta de los 30’?

R: Me encantaría, con la respuesta que hay con el libro me estoy animando. Aunque soy muy curioso y ahora igual me gustaría contar cómo son otros 25 países…

La vuelta de los 25

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