Buenos Aires
02 de feb de 2008 por Sara
Ayer me hicieron una propuesta: volver a Buenos Aires. Jugadas de la mente, hoy he soñado que volvía a la gran ciudad, pero esta vez no tenía guía, sino que la guía era yo. En un principio me sentía perdida, sin saber dónde estaba ni hacia dónde ir, pero de repente empecé a recordar.
Recorriendo Palermo Hollywood con el coche, haciendo fotos al obelisco en la Avenida 9 de julio, paseando por el centro como un peatón más, emocionándome en Plaza de Mayo… así empecé a situarme.
Viendo una obra de teatro amateur detrás de la Avenida Corrientes, visitando por dentro el barco General Sarmiento en Puerto Madero, admirando a los bailarines de tango en el colorido barrio de La Boca, viendo volar cometas junto al Río de la Plata en el Parque de Los Niños, sintiendo los colores de La Bombonera y El Monumental, haciendo visitas en Belgrano, y salir de la ciudad para recorrer el canal de Tigre.
Porque Buenos Aires es para vivirla, para perderse en la inmensidad de sus calles, para relacionarse con su gente, y sobre todo, para disfrutarla, y volver.
Total, sólo es dormir una noche en el avión en lugar de en tu casa…
Buenos Aires, una canción de Joaquín Sabina:
“En Buenos Aires brilla el sol y un par de pibes,
en la esquina, inventan una solución.
En Buenos Aires todo vuela, la alegría,
la anarquía, la bondad, la desesperación.
Y Buenos Aires es un bicho que camina,
ensortijado entre los sueños y la confusión.
En Buenos Aires descubrí que el día
hace la guerra, la noche el amor.
En Buenos Aires leo, fumo, toco el piano
y me emborracho solo en una habitación.
En Buenos Aires casi todo ya ha pasado
de generación en degeneración.
Y Buenos Aires come todo lo que encuentra
como todo buen Narciso, nadie como yo.
Pero el espejo le devuelve una mirada
de misterio, de terror y de fascinación.
Buenos Aires, buenos aires,
buenos aires para vos.
En Buenos Aires toca Charly en un boliche
planetario, es alto y voluptuoso.
En Buenos Aires llega un punto en que ya nada
vale nada y todo vale nada.
En Buenos Aires nos acechan los fantasmas
del pasado y cada tango es una confesión.
Cuando en el mundo ya no quede nada,
en Buenos Aires la imaginación.
Es una playa macedónica tan cierta
y tan absurda viven Borges, Dios y el rock and roll.
En Buenos Aires viven muertos, muertos viven
y no quiero más tanta resignación.
Yo quiero un barrio bien canalla, bien sutil
y bien despierto, supersexy,
quiero una oración
que nos ayude a descorrer el velo
y que termine la desolación.
Buenos Aires, malos tiempos
para hacerte una canción.
En Buenos Aires los amigos acarician
y los enemigos tiran a matar.
En Buenos Aires, San Martín y Santa Evita
montan una agencia de publicidad.
En Buenos Aires, la política… que falta
de respeto, que atropello a la razón.
En Buenos Aires, el fantasma de la ópera
camina solo por Constitución.
En Buenos Aires tengo más de lo que quiero
pero lo que quiero nadie me lo da.
En Buenos Aires hay un Falcon pesadilla
en el museo de cera de la atrocidad.
En Buenos Aires falta guita pero sobran
corazones condenados a latir.
En Buenos Aires amanezco, resucito,
me defiendo a gritos, quiero ser feliz.
En Buenos Aires cuando hablamos de la luna
solo hay una: la del Luna Park.
En Buenos Aires he perdido mil batallas
pero hay una guerra que pienso ganar.
Buenos Aires.
En Buenos Aires brilla el sol y un par de pibes,
en la esquina, inventan una solución.
(cuando en el mundo ya no quede nada)
en Buenos Aires todo vuela, la alegría,
la anarquía, la bondad, la desesperación.
Todas las noches sale el sol
todos los días vuelve el sol.”









Sí señor, qué evocación. Hacía tiempo que quería echar un ojo al blog otra vez para ver qué era de ti. Y sobre todo porque recordaba que en algún mail había visto que escribías de Buenos Aires. Y de verdad que es evocador. Sobre todo con la inclusión del vídeo, viendo la albiceleste ondeando, los parques porteños, las grandes avenidas, los tangos entre la Vuelta de Rocha y Caminito… Y el bandoneón elevando la mente hasta los confines del (ahora) verano austral a la orilla del Plata. Puerto Madero, el barrio de San Telmo, las librerías de viejo en los entornos de la avenida de Mayo, el Palacio Barolo, los cafés (y la mierda de litronas de Quilmes). Sí señor, hay que volver.