Viajes en autobús
06 de sep de 2011 por Sara
Me subo al autobús y me siento ocupando el lugar de mi ‘acompañante’ con la mochila. Por alguna razón he despertado la curiosidad de un niño, le calculo unos 6 años. La criatura no me quita los ojos de encima, no tiene ni idea de que ese descaro natural se convertirá en vergüenza y miradas esquivas con el paso de los años.
Escribo a la antigua usanza, boli y papel, en mi agenda morada. Me he dado cuenta de que no escribo más a menudo porque no me enfrento al papel en blanco, y la pantalla del ordenador cada vez me inspira menos. Y eso que, paradojas de la vida, mi trabajo consiste precisamente en inspirarme ante una hoja de Word vacía. A este paso nunca ganaré el Pulitzer.
Dejo la ciudad a ritmo de Cloaka Company y Rapsusklei, pasando la feria sin mucha actividad a estas horas. Antes de llegar al aeropuerto, el niño de la mirada escrutadora se ha cansado de observarme y se ha quedado dormido. Estas curvas a alta velocidad hacen difícil que me quede clavada en el asiento, y no, un autobús con matricula VA-AK no tiene cinturones para pasajeros.
Me gustaría subir en alguno de esos aviones de Villanubla, con rumbo a Londres, Bruselas o Barcelona. Sinceramente, después de un año mi alma me pide altos vuelos, la carretera se me queda pequeña. Este paisaje es otra de las cosas que poco me inspiran. Eternas llanuras con el horizonte visible en los cuatro puntos cardinales, y a lo lejos, molinos eólicos que al mismísimo Don Quijote le causarían desconfianza.
En el asiento de delante se ha sentado la típica adolescente enfadada con el mundo. No es que me lo haya dicho, pero se le nota por la cara de asco que lleva puesta. Estoy por pasarle las canciones de Rayden por Bluetooth a ver si cambia la expresión. Y detrás tengo a una persona indefinida, que me activa la vena violenta cada vez que abre y cierra el cenicero del respaldo.
Llegamos a la primera parada: Medina de Rioseco. A esta altura suena Xenon y Zeidah. Se bajan el niño y su madre, y la adolescente enfadada, que por lo visto es hermana del crío. Ahora que nadie me observa, dormiré un poco…
… … … … …
…Despierto cuando el meneo del asfalto roto no me deja dormir más. Sigo viendo el horizonte aunque algo más ondulado que en Tierra de Campos. Atravesamos enormes plantaciones de girasoles de todo tipo: girasoles gigantes, girasoles enanos, girasoles múltiples… esto me recuerda que el año que viene tengo que plantar unos.
La chica que viene detrás me cae mal. Está hablando por teléfono y a pesar de que yo llevo la música a tope (ahora Nach) la escucho. En cuanto se baje le doy un collejón por pesada. A pesar de todo, con un cielo despejado es mucho más agradable hacer este viaje en verano.
Mientras tanto empieza a perderse el horizonte mirando al norte. Ahí está la Montaña Palentina, inconfundible y siempre acogedora. Allá vamos, dejando atrás los 30ºC de la ciudad para dormir tapada con mantas. Sin escuchar las sirenas de las ambulancias o al vecino cuando se levanta por las mañanas. Hogar, dulce hogar.









Bonito relato. Nach sin duda el mejor rapero hispano, me deleita el oírlo.
Hola Sara
Los viajes en autobus dan mucho de sí, especialmente si eres una persona observadora como tú. Al leerte he recordado algún viajeque he hecho y encuentras a personas distintas, los hay enfadados como la adolescente, de otros te enteras de toda su vida aunque no quieras, etc.
Lo dicho, los viajes dan mucho de sí.
Me ha gustado tu entrada y blog.
Saludos.
Muy buen relato, me ha inspirado un puñado de inocentes pero pícaras carcajadas (me siento totalmente reflejada en lo de dar la colleja a la pesada de la música jajajaja ¿por qué será?).
Pero no me has mencionado en tu destino norteñoooooooooooo jussssssssssssssssssssss
::)))))))))))))))))))))))))) —–> Lo de ponerle cuatro puntos es porque soy una cuatro ojos, los miles de paréntesis son para vos!!!
P.D.: no te asustes por mis tonterías, son los mocos, que me nublan, aparte de los cuatro ojos, el cerebro.
Muacks muacks miaaaaaaaaaaaaaaaau!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
yEAh!
…yo también viajo mucho en autobús, de la ciudad al pueblo y viceversa…me he sentido muy identificado con el relato, SI señora…quizá algún dia relate mi experiencia…aunque está por escribir te puedo asegurar que la banda sonara será muy parecida…sisi!!
…yEAh, sista!me he sentido muy identificado con este relato, yo también viajo muy habitualmente en autobús, de la ciudad al pueblo y viceversa, aunque a diferencia tuya mi dulce hogar esta en la city…quizá algún día relate yo también mi experiencia; que aunque está por escribir, te puedo asegurar que la banda sonora sera muy parecida…;)
Hace tiempo que no viajo en autocar…Me has traído a la memoria pensamientos idénticos de valoraciones a primera vista, o más detenidamente, en los trayectos largos es inevitable (pienso yo): acabar hasta el gorro de algún pesado/a, adivinar los pensamientos de adolescentes,… Entiendo tu sosiego al llegar a éste tu destino…fue uno de los viajes que con más cariño guardo en el recuerdo: sus montañas, el verde de los campos, las amapolas (a montones), la paz, y su magnífico románico…
Aprovecho este viaje para despedirme, Sara. Gracias por acompañarme un tramo del camino.
Cúidate.
Hasta siempre.
Te dejo un abrazo…y un beso.